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Mostrando las entradas etiquetadas como Celebración de la Palabra

DOM XXV del T.O. ¿Por qué él sí y yo no?

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       Hace unos años escuché una frase que se me quedó grabada: «La comparación es el ladrón de la alegría». Dos personas reciben exactamente el mismo regalo. Una se alegra muchísimo; la otra, al descubrir que su vecino ha recibido algo mejor, deja de disfrutar lo suyo. El regalo no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la comparación. Y algo parecido nos sucede muchas veces con Dios.    Jesús nos presenta hoy una escena desconcertante. Un propietario sale varias veces a contratar trabajadores para su viña: unos trabajan desde primera hora de la mañana, otros comienzan a mediodía y otros llegan cuando apenas queda una hora de jornada. Al final, todos reciben el mismo salario. Los que han trabajado todo el día protestan: «Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros».    Humanamente entendemos su reacción. «No es justo». Pero Jesús quiere llevarnos más lejos. El dueño responde: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo...

DOM XXIV del T.O. No lleves la cuenta

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        Un hombre llevaba años sin hablar con su hermano; habían tenido una discusión y cada uno esperaba que fuera el otro quien diera el primer paso. Un día alguien le preguntó: «¿Cuánto tiempo llevas enfadado con él?». Respondió: «Diez años». Y le volvieron a preguntar: «¿Y cuánto tiempo llevas sufriendo por ello?». Bajó la mirada y dijo: «También diez años». A veces creemos que guardar un rencor es castigar al otro, cuando en realidad somos nosotros quienes seguimos encadenados a aquella herida.      La Palabra de Dios de este domingo toca precisamente ahí donde más nos cuesta: el perdón. Pedro se acerca a Jesús y pregunta: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Pedro cree que está siendo generoso. Siete veces ya parece muchísimo, pero Jesús responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Jesús no está haciendo una operación matemática, está diciendo: el perdón...

DOM XXIII del T.O. Ve y háblale, si de verdad le quieres

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   Una vez le preguntaron a un hombre muy sabio: «¿Quién ha sido tu mejor maestro?». Y respondió: «Todos aquellos que alguna vez se atrevieron a decirme que estaba equivocado». Una respuesta difícil de aceptar; porque nos gusta que nos quieran, que nos comprendan, que nos den la razón… pero no siempre nos gusta que nos corrijan.      Y precisamente de eso nos habla hoy Jesús: de la corrección; pero no de cualquier corrección, sino de una corrección que nace del amor. Jesús dice: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas». Fijémonos en algo importante: a solas. Jesús no dice: «Ve y cuéntaselo a los demás». No dice: «Habla de él». Dice: «Habla con él». ¡Qué diferente sería nuestra convivencia si aprendiéramos esto! Muchas heridas no nacen del problema original, sino de todo lo que hemos hablado después sobre ese problema. Jesús nos propone otro camino: hablar con la persona, no hablar de la persona. Y añade algo todavía más valioso: «Si te hace c...

DOM XXII del T.O. Lo que no elegiste también puede transformarte

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        Un hombre llevaba muchos años cargando con una cruz que le parecía demasiado pesada. Un día, cansado, le pidió a Dios que se la cambiara. Dios le permitió entrar en una habitación llena de cruces y escoger otra. Probó una grande, otra pequeña, una muy ligera… Finalmente encontró una que le pareció perfecta. —Esta quiero. Y escuchó una voz: —Esa es precisamente la cruz que ya llevabas.     A veces queremos seguir a Jesús, pero sin cruz. Queremos la Pascua sin Viernes Santo, la victoria sin esfuerzo, la fe sin renuncias. Y el Evangelio de hoy nos recuerda que el camino de Jesús pasa por Jerusalén. Pedro acaba de reconocer que Jesús es el Mesías, pero cuando Jesús anuncia que tendrá que sufrir y morir, Pedro se rebela: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» él  quiere a Jesús, pero todavía tiene una idea equivocada del Mesías, quiere un Cristo victorioso, fuerte, triunfador. Jesús, en cambio, le muestra que su camino será el...

DOM. XXI DEL T.O. ¿Quién dice la gente que soy Yo?

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         Una vez preguntaron a una orquesta de músicos quién era para ellos Beethoven. Cada uno respondió de una manera diferente: unos hablaron de su profesión, otros de sus éxitos, otros de su carácter. Finalmente alguien preguntó a cada uno: —Pero, ¿quién es realmente para ti? Y entonces se hizo silencio. Porque una cosa es lo que sabemos de una persona y otra muy distinta lo que esa persona significa para nosotros.      Eso mismo hace Jesús en el Evangelio de este domingo. Va caminando con sus discípulos y, de repente, les hace una pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Las respuestas son variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, uno de los profetas... La gente tiene opiniones sobre Jesús. Lo admira, lo respeta, reconoce que hay algo especial en Él. Pero Jesús no se queda ahí; da un paso más y pregunta directamente a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Ya no pregunta qué pi...

DOM XX del T.O. Una fe que no se rinde

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   Cuentan que un día un hombre llegó a la consulta de un médico muy preocupado. Después de contarle sus problemas, el médico le dijo: —«Necesita usted caminar todos los días». El hombre respondió: —«Doctor, ¿cuánto tiempo?». —«Hasta que se le pase el agobio». Aquella respuesta, sencilla y casi divertida, escondía una gran verdad: hay cosas que no se solucionan huyendo, sino caminando.      El Evangelio de este domingo nos presenta a una mujer que también tiene que caminar contra muchas dificultades. Es una mujer cananea que se acerca a Jesús y grita: «ten compasión de mí, Señor, Hijo de David». Su hija está enferma y ella no se rinde. Lo sorprendente es que Jesús, al principio, parece no escucharla, seguido, los discípulos quieren que se marche; y cuando él responde, sus palabras parecen todavía más complicadas: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Sin embargo, aquella mujer no se marcha, no se siente derrotada, responde con una humildad ...

DOM XIX DEL T.O. Hay tormentas que no hunden la barca; hunden la esperanza

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   Todos hemos pasado alguna vez por una tormenta; no solo las del cielo. Hay tormentas que llegan sin lluvia: una enfermedad, la muerte de un ser querido, una crisis familiar, el miedo al futuro, la soledad, el cansancio de seguir luchando. En esos momentos, la pregunta no es:¿dónde estoy yo?, sino: ¿dónde está Dios?      Eso mismo experimentan los discípulos en el Evangelio este domingo; están en medio del lago,  es de noche, el viento es contrario. Reman, pero no avanzan; Jesús no está con ellos... o al menos eso creen.    También la Iglesia, nuestras familias y cada uno de nosotros conocemos noches en las que parece que Dios guarda silencio. Pero el Evangelio nos ofrece una clave decisiva:   Jesús no evita la tormenta; entra en ella; n o llega cuando el mar ya está en calma, llega cuando las olas siguen golpeando la barca; y sus primeras palabras son un auténtico programa de vida:   «Ánimo, soy yo; no tengáis miedo.»   No d...

DOM XVIII T.O. "Cinco panes, dos peces... y un corazón dispuesto"

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   Todos hemos escuchado alguna vez esta frase: "con lo poco que tengo, no puedo hacer gran cosa. La dice quien piensa que su ayuda es insignificante, quien cree que su tiempo no cambia nada, quien piensa que su sonrisa, su visita o su oración no sirven de mucho... y, sin embargo, el Evangelio de este domingo desmiente esa idea.    Jesús se encuentra rodeado por una multitud; es tarde. Los discípulos hacen un cálculo muy razonable: "Despide a la gente para que vayan a comprar comida." Su propuesta parece lógica. Cada uno que resuelva su problema. Pero Jesús rompe esa lógica y responde con una frase que sigue desafiándonos hoy: "Dadles vosotros de comer." ¡Qué petición tan desconcertante! Los discípulos miran sus manos. Solo tienen cinco panes y dos peces. Es decir, casi nada. Pero Jesús no les pregunta cuánto tienen. Les pregunta si están dispuestos a compartirlo. Y ahí comienza el milagro. No empieza cuando se multiplican los panes. Empieza cuando alg...

DOM XVII DEL T.O. Cuando encuentras el tesoro

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      Hay una pregunta que todos nos hacemos alguna vez, aunque no siempre nos atrevamos a decirla en voz alta:  ¿qué es lo más valioso de mi vida?  Un empresario respondió: “Mi trabajo”; una madre dijo: “mis hijos”; un anciano contestó: “la paz del corazón”; y un joven, después de un largo silencio, dijo: “todavía no lo he descubierto”.  Está es la clave del Evangelio de este domingo:   la vida cambia cuando uno descubre un tesoro .   Jesús compara el Reino de los cielos con un hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo. Y añade un detalle precioso:  “lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra el campo” .  No actúa obligado, no vende sus cosas con tristeza, no dice: “qué pena perder todo esto”. Al contrario:   la alegría del hallazgo hace pequeñas las renuncias .   Lo mismo sucede con el comerciante que encuentra una perla de gran valor. Ha visto muchas perlas en su vida, pero aquella es diferente. Y cuan...

DOMINGO XVI DEL T.O. ¿Arrancamos la cizaña?

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   Hace un tiempo, un jardinero recibió a un joven aprendiz. Mientras recorrían el jardín, el muchacho señaló unas malas hierbas que crecían entre las flores. —¿Por qué no las arrancas de una vez? —preguntó. El jardinero respondió: —Porque todavía no sé cuáles son realmente malas hierbas y cuáles son plantas que aún no han florecido… Vivimos en un mundo que juzga muy deprisa. Bastan unos segundos para etiquetar a una persona: buena o mala, amiga o enemiga, útil o inútil. Las redes sociales han convertido el juicio rápido en un deporte cotidiano. Pero Dios no actúa así.      El Evangelio de hoy nos presenta una de las parábolas más desconcertantes de Jesús. Un enemigo siembra cizaña en medio del trigo. Los criados, con muy buena intención, quieren arrancarla inmediatamente, parece lo más lógico; sin embargo, el dueño responde: "No; no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega." Humanamente cues...

DOM XV DEL T.O. La semilla que nadie ve

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          Vivimos en la cultura de los resultados inmediatos. Todo debe ser rápido, visible y exitoso. Si un proyecto no da frutos enseguida, se abandona. Si una relación exige paciencia, se rompe. Si una persona no cambia cuando esperamos, dejamos de creer en ella. Nos cuesta sembrar porque queremos cosechar al instante.    También nos ocurre en la fe. Rezamos y esperamos soluciones inmediatas; educamos a nuestros hijos con valores, pero nos desesperamos cuando parecen tomar otros caminos; acompañamos a un enfermo, visitamos a una persona mayor o intentamos hacer el bien, y a veces nos invade la sensación de que todo es inútil. "¿De qué sirve tanto esfuerzo?", nos preguntamos.  Precisamente en esta realidad resuena con fuerza el Evangelio de este domingo.    Jesús contempla a un sembrador que sale a sembrar. Él no selecciona únicamente la tierra perfecta ni calcula obsesivamente dónde caerá cada grano, sencillamente siembra. Alguna...

DOM XIV DEL T.O. "Cuando el corazón está cansado, Cristo lo fortalece"

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      El Evangelio de este domingo nos muestra un rostro de Jesús que llena de esperanza. Él dice:  «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» .   ¡Qué palabras tan oportunas para nuestro tiempo! Vivimos cansados. Hay cansancio físico por el trabajo, pero también un cansancio del alma: preocupaciones familiares, problemas económicos, enfermedades, soledad, incertidumbre y tantas cargas que cada uno lleva en silencio.   Lo hermoso del Evangelio es que Jesús no nos promete una vida sin dificultades. Nos ofrece algo mucho más grande:  caminar con nosotros . Él no quita todas las cruces, pero nos ayuda a llevarlas.   Después añade una frase que puede sorprendernos:  «Carguen con mi yugo… porque mi yugo es suave y mi carga ligera» . En tiempos de Jesús, el yugo era el instrumento que unía a dos bueyes para trabajar juntos. Jesús nos está diciendo:  «No lleves solo el peso de tu vida; déjame caminar contigo» ...

DOM XIII T.O. ¿Qué lugar ocupa realmente Jesús en mi vida?

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     El Evangelio de este domingo forma parte del llamado "discurso misionero" de san Mateo. Jesús está enviando a sus discípulos a anunciar el Reino y no les oculta las dificultades que encontrarán. Seguir a Cristo no será siempre fácil, habrá incomprensiones, rechazos e incluso conflictos dentro de la propia familia.  Por eso escuchamos unas palabras que pueden parecernos duras:   «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» .   Para comprender bien, hay que tener presente que, en el lenguaje semita, las expresiones son a menudo acentuadas para subrayar una idea. Jesús no está despreciando la familia —Él mismo vivió treinta años en Nazaret, amó a su Madre y defendió el valor de la familia—. Lo que quiere afirmar es que el discípulo debe poner a Dios en el primer lugar de su existencia. Y aquí podemos hacernos una pregunta: ¿qué es lo primero en mi vida?   Porque todos tenemos una especie de "centro" alrededor del cual ...

Dom XII del T.O. No tengáis miedo, valéis mucho a los ojos De Dios.

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    Si hay una palabra que atraviesa las lecturas de este domingo y que llega directamente a nuestra vida, es una frase muy sencilla, pero necesaria:   “No tengáis miedo.”  Jesús la repite varias veces en el Evangelio, y no es casualidad; porque el miedo forma parte de la experiencia humana. Todos, en algún momento, hemos sentido miedo. Miedo por la salud, por la familia, por el futuro de los hijos o de los nietos. Miedo cuando llega una enfermedad, cuando falta el trabajo, cuando se atraviesa una dificultad económica, cuando se pierde a un ser querido o cuando simplemente no sabemos qué nos espera mañana. También existe otro miedo más silencioso: el miedo a sentirse solo, a no ser comprendido, a pensar que ya no podemos más.  Por eso las palabras de Jesús no son una frase bonita para escuchar en la iglesia. Son una palabra que quiere entrar en nuestra vida concreta.     La primera lectura nos presenta al profeta Jeremías; y Jeremías no era un hombre s...

DOM XI DEL T.O. Dios sigue llamando

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  Hay una pregunta que aparece muchas veces en la Palabra de Dios y que también resuena en el corazón de cada persona: ¿qué quiere Dios de mí?  Las lecturas de este domingo nos ayudan a responderla. Porque toda la historia de la salvación podría resumirse en tres palabras:   llamada, respuesta y misión .   En la primera lectura, Dios llama a Israel. No porque sea el pueblo más poderoso o el más importante, sino porque lo ama. Lo ha liberado de la esclavitud y ahora le propone una alianza. Dios toma la iniciativa, siempre es Él quien da el primer paso.   En el Evangelio ocurre algo semejante. Jesús contempla a la multitud y ve personas cansadas, desorientadas, heridas por la vida. Entonces llama a los Doce y los envía.  Es importante resaltar que Jesús no llama a personas extraordinarias. Entre ellos hay pescadores, obreros, un recaudador de impuestos, hombres con defectos, limitaciones y miedos. Sin embargo, Jesús confía en ellos, quizá  porque Di...