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Dom. IV del T.O. Dichosos vosotros

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        La Palabra que escuchamos en el Evangelio nos presenta una escena sencilla y casi silenciosa, pero profundamente revolucionaria. Jesús ve a la multitud, sube al monte y se sienta. No corre, no levanta la voz. Se sienta, como quien tiene tiempo para Dios y para las personas. Y desde ese lugar elevado —no para alejarse, sino para ser escuchado— comienza a hablar.    Lo primero que llama la atención es que Jesús no empieza diciendo lo que hay que hacer, sino cómo vivir para ser verdaderamente felices. “Bienaventurados”, dice una y otra vez. Felices. Dichosos. Plenos. Y aquí surge la primera pregunta inevitable:  ¿qué entendemos nosotros por felicidad?  ¿Coincide nuestra idea de una vida lograda, feliz, con la que Jesús está anunciando?  Porque, si somos sinceros, lo que Jesús proclama parece ir a contracorriente.    Él llama felices a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de ...

Dom. VI del T.O. MAKARIOS

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El Evangelio de hoy nos habla de Bienaventuranza, de felicidad. ¿Quién no quiere ser feliz? Todos queremos ser felices; algunos buscan la felicidad en el trabajo, otros en el dinero, otros en el poder, otros en el amor, incluso los que roban, a su manera, quieren poseer para ser felices. Con las Bienaventuranzas Jesús bajó al centro de nuestra humanidad para dar sentido a todo lo que nos da miedo, lo que nos oprime; para que sus palabras no fueran en vano él mismo se hizo pobre, tuvo hambre, experimentó el dolor, la persecución... ¡Claro que cuando oímos hablar de pobreza, de llanto, de injusticia, se nos hace difícil comprenderlo y aceptarlo para ser felices! Por eso no podemos entrar en estas bienaventuranzas sino con y en la gracia del Espíritu Santo, que actúa en las condiciones de las cuales quisiéramos escapar, pero que se convierten, con Dios, en nuestra fuerza. Pero, ¿qué significa bienaventurado? Traducido como  Makarios  indica a quien sabe celebrar. La palabra está ...