Ante Dios no hay seguridad para nadie, por muy santo que se crea.
https://drive.google.com/file/d/18x12b6zSWc4mLS2J10QmN5srsrFrCelH/view?usp=sharing El pasado domingo el Evangelio de Lucas nos hizo reflexionar sobre la oración y su eficacia. Lucas vuelve a este tema también este domingo. Lo hace para llevarnos a verificar, a partir de estos personajes que la Palabra nos muestra, cuál es nuestra actitud interior, que siempre se verá reflejada hacia nuestros hermanos. Esta es una de las parábolas más desconcertantes de Jesús. Un piadoso fariseo y un recaudador de impuestos suben al templo a orar. ¿Cómo reaccionará Dios ante dos personas de vida moral y religiosa tan diferente y opuesta? En la parábola Jesús no denuncia la falsedad del comportamiento del fariseo: no hay vanidad en sus palabras a Dios, realmente ayuna dos o tres veces por semana, y no hay razón para dudar que todo lo agradece a Dios, no está en juego su sinceridad… Seguro que puede contar con la bendición de Dios. pero, ¿esto le puede permitir sentirse diferente de quienes no...