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DOM. SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI - Acoger, compartir y dar

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Celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Al meditar sobre ella, podemos considerar dos aspectos. El primero es nutrirnos de Jesús. Esta situación tiene algo extraordinario que decirnos: Jesús no viene a pedirnos nada, sino que se entrega, se entrega hasta el punto de darnos su Cuerpo como alimento y su Sangre como bebida. Se hace alimento para que podamos saciar nuestra sed de eternidad. Derramó su sangre para la remisión de nuestros pecados. Está a nuestra completa disposición para formar parte de nuestra vida. Pero, a pesar de todas las misas a las que hemos asistido, nos cuesta creer en un Dios tan accesible. Cuando celebramos la Eucaristía se proclama: comed mi Cuerpo, bebed mi Sangre... estas palabras transforman un signo visible en una realidad de salvación, Cristo se hace don y gracia. Hay personas que no se acercan a la Eucaristía porque no se sienten dignas, pero si por un lado este pensamiento es una cuidadosa consciencia, por otro revela una incapacidad para...

Ten confianza, tu fe te ha sanado

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El evangelio del domingo 14 de T.O. hacia un llamado a la misión. Pero ¿para qué la misión? La respuesta es más eficaz de lo que imaginamos: el llamado del discípulo es para ser sanador. Sí,  sanador. Llevamos la sanación porque hemos sido sanados, por ello no es tan sencillo seguir al Señor. Recibirle es acoger los dones que nos da en especial el de sanar, y ¿cómo sanamos? A través de la paz. Llevamos la paz. El camino es la paz... el enfermo quiere sanarse para sentirse en paz ... Un mundo enfermo necesita sanadores que ayuden en a restablecer el tejido humano que se ha enfermado y dañado, dando salud, la que viene del evangelio, la que viene de Jesús. Seamos sanadores porque hemos sido sanados.