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Mostrando entradas de septiembre, 2026

DOM XXVII del T.O. La viña es un regalo, pero también una responsabilidad

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       Un hombre recibió como herencia una pequeña huerta. Al principio la cuidaba con ilusión: limpiaba, podaba, quitaba las malas hierbas y esperaba con paciencia los frutos. Pero con el paso del tiempo empezó a cansarse. Dejó de podar, dejó de limpiar y terminó diciendo: «La huerta no da nada». Un vecino cercano le respondió: «Has pensado que el problema no es que la huerta no dé fruto; quizá es que hace tiempo que dejaste de cuidarla».      El Evangelio de este domingo habla de una viña; una viña que es también nuestra vida, nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra Iglesia. Jesús cuenta la parábola de unos labradores a los que se les confía una viña; el dueño espera sus frutos, pero ellos quieren quedarse con todo. Cuando llegan los enviados a reclamar, los maltratan,  y finalmente matan al propio hijo del dueño. A los que escuchan la parábola pregunta Jesús: «¿Qué hará con aquellos labradores?». Y ellos responden: «Hará morir de mala muert...

DOM XXVI del T.O. Del sí de los labios, al si de la vida

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        Un padre pidió a sus dos hijos que fueran a trabajar a la viña. El primero respondió: «No quiero», pero después se lo pensó y fue. El segundo dijo inmediatamente: «Voy, señor», pero no fue. Jesús pregunta al final de la parábola: «¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?». La respuesta es clara: el primero.     El Evangelio nos recuerda algo muy sencillo, pero exigente: nuestra fe no se mide solamente por lo que decimos, sino por lo que hacemos. Podemos decir muchas veces «sí, Señor»: en nuestras oraciones, en nuestras celebraciones, en nuestras buenas intenciones. Pero el verdadero «sí» es el que aparece después, en la vida concreta: cuando perdonamos, cuando ayudamos, cuando visitamos a alguien que está solo, cuando cumplimos una responsabilidad, cuando somos capaces de reconocer un error.     La primera lectura, del profeta Ezequiel, nos recuerda que cada persona es responsable de su respuesta ante Dios. No podemos vivir siem...

DOM XXV del T.O. ¿Por qué él sí y yo no?

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       Hace unos años escuché una frase que se me quedó grabada: «La comparación es el ladrón de la alegría». Dos personas reciben exactamente el mismo regalo. Una se alegra muchísimo; la otra, al descubrir que su vecino ha recibido algo mejor, deja de disfrutar lo suyo. El regalo no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la comparación. Y algo parecido nos sucede muchas veces con Dios.    Jesús nos presenta hoy una escena desconcertante. Un propietario sale varias veces a contratar trabajadores para su viña: unos trabajan desde primera hora de la mañana, otros comienzan a mediodía y otros llegan cuando apenas queda una hora de jornada. Al final, todos reciben el mismo salario. Los que han trabajado todo el día protestan: «Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros».    Humanamente entendemos su reacción. «No es justo». Pero Jesús quiere llevarnos más lejos. El dueño responde: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo...

DOM XXIV del T.O. No lleves la cuenta

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        Un hombre llevaba años sin hablar con su hermano; habían tenido una discusión y cada uno esperaba que fuera el otro quien diera el primer paso. Un día alguien le preguntó: «¿Cuánto tiempo llevas enfadado con él?». Respondió: «Diez años». Y le volvieron a preguntar: «¿Y cuánto tiempo llevas sufriendo por ello?». Bajó la mirada y dijo: «También diez años». A veces creemos que guardar un rencor es castigar al otro, cuando en realidad somos nosotros quienes seguimos encadenados a aquella herida.      La Palabra de Dios de este domingo toca precisamente ahí donde más nos cuesta: el perdón. Pedro se acerca a Jesús y pregunta: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Pedro cree que está siendo generoso. Siete veces ya parece muchísimo, pero Jesús responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Jesús no está haciendo una operación matemática, está diciendo: el perdón...

DOM XXIII del T.O. Ve y háblale, si de verdad le quieres

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   Una vez le preguntaron a un hombre muy sabio: «¿Quién ha sido tu mejor maestro?». Y respondió: «Todos aquellos que alguna vez se atrevieron a decirme que estaba equivocado». Una respuesta difícil de aceptar; porque nos gusta que nos quieran, que nos comprendan, que nos den la razón… pero no siempre nos gusta que nos corrijan.      Y precisamente de eso nos habla hoy Jesús: de la corrección; pero no de cualquier corrección, sino de una corrección que nace del amor. Jesús dice: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas». Fijémonos en algo importante: a solas. Jesús no dice: «Ve y cuéntaselo a los demás». No dice: «Habla de él». Dice: «Habla con él». ¡Qué diferente sería nuestra convivencia si aprendiéramos esto! Muchas heridas no nacen del problema original, sino de todo lo que hemos hablado después sobre ese problema. Jesús nos propone otro camino: hablar con la persona, no hablar de la persona. Y añade algo todavía más valioso: «Si te hace c...