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Mostrando las entradas etiquetadas como fe

DOM XXII del T.O. Lo que no elegiste también puede transformarte

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        Un hombre llevaba muchos años cargando con una cruz que le parecía demasiado pesada. Un día, cansado, le pidió a Dios que se la cambiara. Dios le permitió entrar en una habitación llena de cruces y escoger otra. Probó una grande, otra pequeña, una muy ligera… Finalmente encontró una que le pareció perfecta. —Esta quiero. Y escuchó una voz: —Esa es precisamente la cruz que ya llevabas.     A veces queremos seguir a Jesús, pero sin cruz. Queremos la Pascua sin Viernes Santo, la victoria sin esfuerzo, la fe sin renuncias. Y el Evangelio de hoy nos recuerda que el camino de Jesús pasa por Jerusalén. Pedro acaba de reconocer que Jesús es el Mesías, pero cuando Jesús anuncia que tendrá que sufrir y morir, Pedro se rebela: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» él  quiere a Jesús, pero todavía tiene una idea equivocada del Mesías, quiere un Cristo victorioso, fuerte, triunfador. Jesús, en cambio, le muestra que su camino será el...

DOM. XXI DEL T.O. ¿Quién dice la gente que soy Yo?

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         Una vez preguntaron a una orquesta de músicos quién era para ellos Beethoven. Cada uno respondió de una manera diferente: unos hablaron de su profesión, otros de sus éxitos, otros de su carácter. Finalmente alguien preguntó a cada uno: —Pero, ¿quién es realmente para ti? Y entonces se hizo silencio. Porque una cosa es lo que sabemos de una persona y otra muy distinta lo que esa persona significa para nosotros.      Eso mismo hace Jesús en el Evangelio de este domingo. Va caminando con sus discípulos y, de repente, les hace una pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Las respuestas son variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, uno de los profetas... La gente tiene opiniones sobre Jesús. Lo admira, lo respeta, reconoce que hay algo especial en Él. Pero Jesús no se queda ahí; da un paso más y pregunta directamente a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Ya no pregunta qué pi...

ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA - María: del camino a la gloria

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     La Solemnidad de la Asunción de María nos habla de quiénes somos y hacia dónde vamos. Celebramos que María, al terminar su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. No celebramos un privilegio especial y único, celebramos también nuestro destino.      La primera lectura del Apocalipsis nos presenta una imagen maravillosa: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas. Es una imagen de triunfo en la lucha, pero también de esperanza. El mal intentó imponerse, pero finalmente Dios tiene la última palabra, y María es signo.     Y el Evangelio nos lleva a una escena mucho más sencilla: María entra en casa de Isabel. No es un pasaje de exaltación, ni donde ella aparece rodeada de grandeza. Aparece caminando, llevando a Jesús dentro y acercándose a quien necesita ayuda. Isabel la reconoce y exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vient...

DOM XX del T.O. Una fe que no se rinde

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   Cuentan que un día un hombre llegó a la consulta de un médico muy preocupado. Después de contarle sus problemas, el médico le dijo: —«Necesita usted caminar todos los días». El hombre respondió: —«Doctor, ¿cuánto tiempo?». —«Hasta que se le pase el agobio». Aquella respuesta, sencilla y casi divertida, escondía una gran verdad: hay cosas que no se solucionan huyendo, sino caminando.      El Evangelio de este domingo nos presenta a una mujer que también tiene que caminar contra muchas dificultades. Es una mujer cananea que se acerca a Jesús y grita: «ten compasión de mí, Señor, Hijo de David». Su hija está enferma y ella no se rinde. Lo sorprendente es que Jesús, al principio, parece no escucharla, seguido, los discípulos quieren que se marche; y cuando él responde, sus palabras parecen todavía más complicadas: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Sin embargo, aquella mujer no se marcha, no se siente derrotada, responde con una humildad ...

DOM XIX DEL T.O. Hay tormentas que no hunden la barca; hunden la esperanza

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   Todos hemos pasado alguna vez por una tormenta; no solo las del cielo. Hay tormentas que llegan sin lluvia: una enfermedad, la muerte de un ser querido, una crisis familiar, el miedo al futuro, la soledad, el cansancio de seguir luchando. En esos momentos, la pregunta no es:¿dónde estoy yo?, sino: ¿dónde está Dios?      Eso mismo experimentan los discípulos en el Evangelio este domingo; están en medio del lago,  es de noche, el viento es contrario. Reman, pero no avanzan; Jesús no está con ellos... o al menos eso creen.    También la Iglesia, nuestras familias y cada uno de nosotros conocemos noches en las que parece que Dios guarda silencio. Pero el Evangelio nos ofrece una clave decisiva:   Jesús no evita la tormenta; entra en ella; n o llega cuando el mar ya está en calma, llega cuando las olas siguen golpeando la barca; y sus primeras palabras son un auténtico programa de vida:   «Ánimo, soy yo; no tengáis miedo.»   No d...

DOM XXVII del T.O. El gorrión beige y marrón.

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El Evangelio de este domingo comienza con una pregunta-petición que los discípulos dirigen al Señor:  aumenta nuestra fe.  Esta petición sigue a los versículos anteriores que hablan del perdón incondicional. ¡Qué difícil es perdonar! ¡Y todos lo vemos!    Ante ciertas dificultades, los discípulos piden al Señor que aumente su fe para ser capaces de este gesto revolucionario: ¡perdonar! El Señor Jesús responde a la petición de los discípulos con una exageración: «Si tuvieran fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a esta morera: 'Desarráigate y plántate en el mar', y les obedecería».  Una morera desarraigada…, una morera con raíces poderosas…, una morera para plantar en el mar… es evidente que el Señor no habla de un poder sobre la naturaleza.    En el relato vemos que la fe en Cristo nos da poder sobre la naturaleza de las cosas que nos resultan imposibles de resolver. La fe es tan pequeña como un grano de mostaza, algo diminuto. La fe...

Dom V del T.O. Los orígenes

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El Evangelio de este domingo nos ofrece un momento significativo en la vida de Pedro: su encuentro con Jesús. Estamos al inicio de su llamada, al inicio de su seguimiento. Siempre es hermoso volver a los orígenes y recordar los momentos en los que Cristo nos conquistó con su amor; ayuda a refrescar el alma, a reavivar un sano entusiasmo, a veces apagado por el tiempo, por el cansancio… incluso en una relación, en un matrimonio, en una amistad significativa es bueno pensar en los orígenes, en los momentos iniciales; son bellos recuerdos capaces de reavivar nuestras fuerzas y ayudarnos a reorientar nuestros pasos en la dirección correcta, si la hemos perdido.   Volviendo al Evangelio, podemos s uponer que Pedro ya sabía quién era Jesús, quizá ya lo había escuchado. Pero Jesús esta vez entra más concretamente en su vida, en su barca, la cual utiliza para hablarle a la gente.    Es interesante notar que Jesús entra en escena en un momento de crisis de los pescadores. Pedro y ...

Domingo XIX del TO. Ánimo, soy yo....

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Más que una palabra, hoy el evangelio nos invita a favorecer una actitud: la valentía. En la prueba (enfermedad, angustia, tristeza, soledad, dolor, incomprensión, acusación, minusvaloracion...) es donde nos vemos retardos a mantener la fe. ¿Por qué sucumbimos? Quizá no era el Señor lo primero, quizá nuestra vida está llena de otras prioridades que al contrario de mantenernos a flote con la esperanza, nos hunden en la insatisfacción.  Cuando veo tantos rostros sufrientes en este santuario de Lourdes, tantas personas de todo el mundo pidiendo la  misericordia del Señor ante sus problemas, me pregunto si es el último recurso..? Si aún así fuera, es el alma del cristiano que sabe que por más que le cubra la tormenta, no le suelta de la mano nunca el Señor.  "No tengáis miedo, soy yo" 

¡Señor ten misericordia de nosotros!

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  https://drive.google.com/file/d/1HVdoAR8y13oy4qOPVyUO2dSgFOyG6pTf/view?usp=sharing En el Evangelio de hoy escuchamos que en su subida a Jerusalén “ Jesús atravesó Samaria y Galilea ” y “ entrando en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos". Se sabe que en el antiguo Israel el leproso era el marginado por excelencia, aquejado de una enfermedad percibida no sólo como repugnante, sino también -así se pensaba lamentablemente- íntimamente ligada al castigo de Dios por sus pecados. ; por eso el leproso vivía fuera de las ciudades, en lugares desiertos, en una soledad desesperada. Es por esto que este grupo de enfermos, que seguramente habían oído hablar de Jesús y sus milagros, confiando en su compasión, se mantienen a distancia, no se atreven a acercarse a él -así lo ordenaba la ley para evitar el contagio-, sino de lejos y en alta voz gritan: « ¡Jesús, maestro, ten piedad de nosotros!". Esta es una oración hermosa: no hay presunción, no hay arrogancia; sólo queda el h...