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SOLEMNIDAD DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - Tú eres mi Hijo amado...

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El primer domingo, luego de la temporada navideña, termina con una escena que no esperamos: El Hijo de Dios, ya adulto, se encuentra a orillas del río Jordán, en fila con los penitentes para recibir el bautismo de otro hombre que también encontramos ya grande: Juan, hijo de Isabel y Zacarías.   Lucas lo había presentado en los relatos de la infancia como el fruto de un vientre estéril, del que su padre canta sobre él como "profeta del Altísimo", precursor del ministerio del Mesías.   Este, desobedeciendo la ley judía que le haría ser sacerdote como su padre, no se encuentra en el templo sino en el desierto y allí predica la conversión y prepara los corazones para nacer a una nueva vida.   Lucas nos hace contemplar la preparación a la siembra de la Palabra divina:  Juan labra la tierra, arranca raíces, reaviva el fuego de los anhelos profundos del corazón, dormidos bajo las cenizas de los pecados.   Juan es muy consciente de que él no es el Cristo, es simplemente...

El verdadero misionero sabe que es frágil

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«El verdadero predicador es el que sabe que es débil, que sabe que no puede defenderse de sí mismo. El enviado “en medio de los lobos” podría objetar: ¿Pero, Señor, para que me coman? La respuesta es: ¡Tú ve! Este es el camino. Veamos una reflexión muy profunda de Juan Crisóstomo: “Pero si tú no vas como cordero, si vas como lobo entre los lobos, el Señor no te protege: defiéndete solo”. Es decir: cuando el predicador se cree demasiado inteligente o cuando ese que tiene la responsabilidad de llevar adelante la Palabra de Dios quiere hacerse el astuto y quizá piensa: ¡Ah, yo puedo con esta gente!, entonces terminará mal, o negociará la Palabra de Dios: con los poderosos, con los soberbios…». (Homilía de S.S. Francisco, 17 de febrero de 2017, en santa Marta).