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Decálogo del seminarista

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El Seminario no es un lugar. ¡Es mucho más! Es una experiencia irrepetible.  1. El tiempo del seminarista son horas de búsqueda intensa de Cristo, de encuentro con El y con un horizonte: dejarse agarrar totalmente por el para, luego, hablar, ser y vivir en El. 2. El Seminario no es un lugar. ¡Es mucho más! Es una experiencia irrepetible. Un oasis en el cual, el seminarista, va configurándose con Jesús, aclarando ideas y , sobre todo, ahondando en el deseo de ser discípulo de Cristo. 3. Como los Magos, el seminarista, pone sus ojos en el Señor; deja la ofrenda de su juventud o de su vida ante aquel Niño que, siendo joven, será salvación de la humanidad. Como los Magos, el seminarista, no debe de perder de vista “la estrella de la fe”. 4. Jesús gusta de compañía. No quiere llevar adelante el anuncio del Reino en solitario. El seminarista, de igual forma, se deja acompañar, querer, indicar y profundizar por aquellos que conviven con él: formadores, profesores, compañeros, ...