Entradas

Miércoles de Ceniza

Imagen
    Comenzamos la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. La Iglesia nos invita a mirar nuestro corazón, a reconocer nuestras fragilidades y a volver a Dios con sinceridad. El Evangelio de Mateo nos recuerda que nuestras prácticas de piedad —el ayuno, la oración y la limosna— no deben ser simples rituales para ser vistos por los demás, sino gestos que nacen de un corazón abierto a Dios.    Jesús nos dice que cuando damos limosna, no debemos anunciarlo para ser aplaudidos; cuando oramos, no debemos hacerlo para impresionar; y cuando ayunamos, no debemos mostrar tristeza como si nuestra virtud dependiera de la mirada de los demás. Esto nos interpela directamente:  ¿busco agradar a Dios o busco reconocimiento humano en mi fe?     Lo que Jesús nos propone es vivir la espiritualidad desde la autenticidad interior. La Cuaresma no es un concurso de sacrificios; es un tiempo de encuentro verdadero con Dios, un tiempo de  conversión . Cuando damos limosna, or...

Dom. I de Cuaresma tentación y confianza

Imagen
   Comenzamos la Cuaresma, un tiempo especial de conversión, oración y entrega a Dios. El Evangelio en este día nos presenta a Jesús en el desierto, enfrentando la tentación después de su bautismo. El Espíritu lo conduce allí, recordándonos que el camino de la fe no siempre es fácil, que habrá momentos en los que nos sentiremos solos, débiles o probados. Y entonces surge la pregunta: ¿en qué momentos de mi vida me siento llevado al desierto? ¿Cómo respondo cuando enfrento dificultades o pruebas?    Mateo, pedagógicamente nos presenta tres tentaciones que reflejan los desafíos que todos enfrentamos. La primera aparece en el hambre: Jesús ayuna durante cuarenta días y cuarenta noches, y Satanás lo tienta a convertir las piedras en pan. No se trata solo de saciar el hambre, sino de resolver las necesidades por atajos egoístas, de buscar soluciones rápidas que nos alejan de Dios. ¿Cuántas veces en nuestra vida buscamos soluciones inmediatas, sin esperar la guía de Dios, ...

Dom. VI del T.O. Que tu vida suene a Evangelio

Imagen
        El Evangelio de este sexto domingo del tiempo ordinario nos sitúa nuevamente en el Sermón del Monte. Jesús acaba de proclamar las Bienaventuranzas y ahora da un paso más: nos ayuda a comprender qué significa vivir de verdad como discípulos suyos. Por eso comienza aclarando algo fundamental: no ha venido a abolir la Ley ni los Profetas, sino a darles plenitud. Jesús no elimina la Ley, sino que la lleva a su sentido más profundo, que no es otro que el amor.     En tiempos de Jesús, muchos creían que ser fiel a Dios consistía en cumplir una serie de normas externas. Mientras uno no matara, no cometiera adulterio o no jurara en falso, se sentía tranquilo ante Dios. Pero Jesús va directo al corazón y nos dice que el problema no empieza en el acto, sino mucho antes. ¿De qué sirve no matar si en el corazón guardamos rencor, desprecio o palabras que hieren? ¿De qué sirve una fidelidad solo exterior si por dentro dejamos que la mirada y el deseo conviertan a...

Dom V del T.O. Vosotros sois sal de la tierra ... luz del mundo

Imagen
   Jesús continúa hoy su enseñanza en el monte, que el domingo pasado ya inició. Acaba de proclamar las bienaventuranzas y, sin pausa, dirige la mirada a sus discípulos. No les dice lo que deberían llegar a ser algún día, sino lo que ya son: sal y luz. No es una promesa futura; es una identidad presente. Y esto ya nos interpela profundamente  ¿somos conscientes de lo que significa haber sido llamados discípulos de Jesús?   ¿Vivimos nuestra fe como una responsabilidad o solo como algo privado?    Jesús elige dos imágenes sencillas, tomadas de la vida cotidiana. La sal no se ve mucho, pero transforma; la luz no hace ruido, pero vence la oscuridad. Ninguna existe para sí misma. La sal que no sala, dice Jesús, no sirve; la luz que se esconde pierde su sentido.    En tiempos de Jesús, la sal era valiosa, incluso símbolo de alianza y fidelidad. Daba sabor y preservaba de la corrupción. Cuando Jesús dice “sois la sal de la tierra”, está diciendo que la f...

Dom. IV del T.O. Dichosos vosotros

Imagen
        La Palabra que escuchamos en el Evangelio nos presenta una escena sencilla y casi silenciosa, pero profundamente revolucionaria. Jesús ve a la multitud, sube al monte y se sienta. No corre, no levanta la voz. Se sienta, como quien tiene tiempo para Dios y para las personas. Y desde ese lugar elevado —no para alejarse, sino para ser escuchado— comienza a hablar.    Lo primero que llama la atención es que Jesús no empieza diciendo lo que hay que hacer, sino cómo vivir para ser verdaderamente felices. “Bienaventurados”, dice una y otra vez. Felices. Dichosos. Plenos. Y aquí surge la primera pregunta inevitable:  ¿qué entendemos nosotros por felicidad?  ¿Coincide nuestra idea de una vida lograda, feliz, con la que Jesús está anunciando?  Porque, si somos sinceros, lo que Jesús proclama parece ir a contracorriente.    Él llama felices a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de ...

Dom III del T.O. Acoge la Palabra que convierte y nos pone en camino

Imagen
     E ste tercer domingo del tiempo ordinario tiene un significado muy especial para la vida de la Iglesia. Celebramos el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el papa Francisco, para ayudarnos a redescubrir que la Palabra no es un elemento secundario de nuestra fe, sino el corazón mismo de la vida cristiana. Con esta celebración, el Papa nos recordaba que Dios sigue hablando a su pueblo y que la Iglesia vive y se renueva cada vez que acoge, escucha, anuncia y celebra la Palabra.    La Palabra de Dios no es solo para ser proclamada en la liturgia, sino para ser acogida en la vida diaria. Cuando la Palabra no encuentra un corazón disponible, queda como un sonido pasajero; pero cuando es acogida, se convierte en luz, en fuerza y en camino de conversión. Por eso no es casual que este domingo esté profundamente unido al mensaje central del Evangelio: la llamada a la conversión y al seguimiento de Jesús.    El profeta Isaías nos habla de un pueblo ...

Dom. II del T.O. La búsqueda que reconoce al Cordero

Imagen
    La liturgia de este Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, del ciclo A, nos invita a profundizar en la búsqueda más honda del ser humano: la búsqueda de sentido y de vida verdadera. Y lo hace presentándonos no una idea abstracta, sino una Persona concreta: Jesucristo, el Cordero de Dios.    La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos habla del Siervo del Señor, llamado desde el seno materno. Este texto indica que la misión no nace de una decisión tardía, sino de un proyecto eterno de Dios. Antes de que el Siervo actúe, ya ha sido elegido. Primera reflexión: toda busqueda humana está inscrita dentro de una llamada previa de Dios. No buscamos a ciegas; buscamos porque hemos sido pensados y amados primero.    San Pablo, en la segunda lectura, recuerda a la comunidad de Corinto que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos. No se trata de una élite espiritual, sino de una identidad recibida. segunda reflexión: La busqueda cristiana...