DOM. XXXII del T.O. Que no se apague tu lámpara
Hay cosas que no se pierden de repente, se van apagando poco a poco: la ilusión, la amistad, la fe, la confianza… Primero dejamos de cuidar algo, después lo vamos posponiendo; nos decimos que mañana tendremos tiempo, que ya rezaremos otro día, que ya nos acercaremos a Dios cuando las cosas estén más tranquilas. Y, casi sin darnos cuenta, descubrimos que aquella luz que antes estaba encendida comienza a apagarse. Jesús nos habla hoy de diez jóvenes que esperan al esposo. Todas tienen lámparas, todas esperan, todas desean participar en la fiesta. Pero hay una diferencia: unas han llevado aceite de reserva y otras no. Cuando llega el momento, unas están preparadas y otras descubren que su lámpara se está apagando. Nosotros podemos llevar muchos años siendo cristianos, haber recibido los sacramentos, conocer las oraciones, participar en las celebraciones… Pero eso no garantiza que nuestra lámpara siga iluminando. También podemos acostumbrarnos a la fe...