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Dom. V de Cuaresma "Yo soy la Vida"

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     La Iglesia nos coloca hoy ante una escena que no podemos escuchar con indiferencia: una tumba cerrada, una familia llorando y un amigo que llega aparentemente tarde. Estamos ya a las puertas de la Semana Santa. Y antes de contemplar la cruz, la liturgia nos hace mirar de frente la muerte.   Lázaro ha muerto. Cuatro días en el sepulcro. Para la mentalidad judía, ya no hay nada que hacer. La esperanza humana ha terminado. Y, sin embargo, en ese escenario de derrota resuena una de las afirmaciones más fuertes de todo el Evangelio:  “Yo soy la Resurrección y la Vida.”   No es una frase piadosa. No es un consuelo psicológico. Es una declaración de identidad. Jesús no dice: “Yo explico la vida”, ni siquiera “Yo doy vida”. Dice:  Yo soy Vida .    El relato tiene una profundidad extraordinaria. Jesús ama a Lázaro, ama a Marta y a María. Y, sin embargo, cuando recibe la noticia de la enfermedad, no corre. Se queda dos días más. Esto desconcierta....

Dom. IV de Cuaresma "Abre mis ojos, Luz del mundo"

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      En este IV Domingo de Cuaresma, tradicionalmente llamado  Laetare , la Iglesia nos permite respirar un anticipo de la Pascua. En medio del camino penitencial ya asoma la alegría. Y la Palabra nos sitúa ante una de las escenas más profundas del Evangelio: el ciego de nacimiento.   En el centro del relato resuena una afirmación decisiva de Jesucristo:  “Yo soy la Luz del mundo”.  Y frente a esa revelación, hoy brota de nuestro corazón una súplica sencilla y necesaria:  “Abre mis ojos, Luz del mundo”.    El relato comienza con una pregunta que refleja una mentalidad muy extendida en la época:  “¿Quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”  Se busca un culpable. Se interpreta el sufrimiento como castigo. Jesús rompe esa lógica estrecha. No se trata de señalar responsables, sino de descubrir que incluso en la fragilidad pueden manifestarse las obras de Dios.   Entonces realiza un gesto sorprendente: hac...

Dom. III "Dame de beber del Agua viva"

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       En este III Domingo de Cuaresma, la Palabra nos conduce a un lugar muy distinto del monte luminoso del domingo pasado. Hoy no subimos a lo alto; hoy nos detenemos junto a un pozo, en Sicar. Allí, en medio del camino polvoriento, Jesús se encuentra con una mujer samaritana. No hay discípulos privilegiados. No hay escena de gloria. Hay cansancio, calor y una historia personal marcada por heridas.   Y en el centro de todo resuena una promesa que atraviesa los siglos:  “El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”.   El Evangelio nos muestra a Jesús cansado del camino, sentado junto al pozo al mediodía, la hora más calurosa. La mujer viene sola, probablemente para evitar miradas y comentarios. Y Jesús rompe todas las barreras: habla con una mujer —algo poco habitual en aquel contexto—, con una samaritana —considerada extranjera y enemiga—, y con alguien cuya vida sentimental era conocida y cuestionada.    El diálogo avanza poc...

Dom. II de Cuaresma. "Escuchadle"

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  En este II Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos lleva al monte de la Transfiguración. Este pasaje está precedido del anuncio de la pasión. Jesús ha dicho claramente a sus discípulos que deberá sufrir, que será rechazado y que morirá. Aquellas palabras debieron de caer como un peso sobre el corazón de quienes lo seguían con ilusión. Y en ese contexto, el Señor toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los conduce aparte, a un monte alto.    Allí sucede algo extraordinario: su rostro brilla como el sol, sus vestidos se vuelven blancos como la luz. No es un espectáculo para impresionar, sino una revelación. Es como si, por un instante, se descorriera el velo y los discípulos pudieran ver quién es realmente aquel a quien siguen.   Aparecen las figuras de Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, conversando con Él. Todo el Antiguo Testamento converge en Cristo. Toda la historia de la salvación encuentra en Él su cumplimiento. Y entonces, desde la nube —esa nube que en la Bi...

Miércoles de Ceniza

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    Comenzamos la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. La Iglesia nos invita a mirar nuestro corazón, a reconocer nuestras fragilidades y a volver a Dios con sinceridad. El Evangelio de Mateo nos recuerda que nuestras prácticas de piedad —el ayuno, la oración y la limosna— no deben ser simples rituales para ser vistos por los demás, sino gestos que nacen de un corazón abierto a Dios.    Jesús nos dice que cuando damos limosna, no debemos anunciarlo para ser aplaudidos; cuando oramos, no debemos hacerlo para impresionar; y cuando ayunamos, no debemos mostrar tristeza como si nuestra virtud dependiera de la mirada de los demás. Esto nos interpela directamente:  ¿busco agradar a Dios o busco reconocimiento humano en mi fe?     Lo que Jesús nos propone es vivir la espiritualidad desde la autenticidad interior. La Cuaresma no es un concurso de sacrificios; es un tiempo de encuentro verdadero con Dios, un tiempo de  conversión . Cuando damos limosna, or...

Dom. I de Cuaresma "tentación y confianza"

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    Comenzamos la Cuaresma, un tiempo especial de conversión, oración y entrega a Dios. El Evangelio en este día nos presenta a Jesús en el desierto, enfrentando la tentación después de su bautismo. El Espíritu lo conduce allí, recordándonos que el camino de la fe no siempre es fácil, que habrá momentos en los que nos sentiremos solos, débiles o probados. Y entonces surge la pregunta: ¿en qué momentos de mi vida me siento llevado al desierto? ¿Cómo respondo cuando enfrento dificultades o pruebas?    Mateo, pedagógicamente nos presenta tres tentaciones que reflejan los desafíos que todos enfrentamos. La primera aparece en el hambre: Jesús ayuna durante cuarenta días y cuarenta noches, y Satanás lo tienta a convertir las piedras en pan. No se trata solo de saciar el hambre, sino de resolver las necesidades por atajos egoístas, de buscar soluciones rápidas que nos alejan de Dios. ¿Cuántas veces en nuestra vida buscamos soluciones inmediatas, sin esperar la guía de ...

Dom. VI del T.O. Que tu vida suene a Evangelio

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        El Evangelio de este sexto domingo del tiempo ordinario nos sitúa nuevamente en el Sermón del Monte. Jesús acaba de proclamar las Bienaventuranzas y ahora da un paso más: nos ayuda a comprender qué significa vivir de verdad como discípulos suyos. Por eso comienza aclarando algo fundamental: no ha venido a abolir la Ley ni los Profetas, sino a darles plenitud. Jesús no elimina la Ley, sino que la lleva a su sentido más profundo, que no es otro que el amor.     En tiempos de Jesús, muchos creían que ser fiel a Dios consistía en cumplir una serie de normas externas. Mientras uno no matara, no cometiera adulterio o no jurara en falso, se sentía tranquilo ante Dios. Pero Jesús va directo al corazón y nos dice que el problema no empieza en el acto, sino mucho antes. ¿De qué sirve no matar si en el corazón guardamos rencor, desprecio o palabras que hieren? ¿De qué sirve una fidelidad solo exterior si por dentro dejamos que la mirada y el deseo conviertan a...