DOM XXV del T.O. ¿Por qué él sí y yo no?
Hace unos años escuché una frase que se me quedó grabada: «La comparación es el ladrón de la alegría». Dos personas reciben exactamente el mismo regalo. Una se alegra muchísimo. La otra, al descubrir que su vecino ha recibido algo mejor, deja de disfrutar lo suyo. El regalo no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la comparación. Y algo parecido nos sucede muchas veces con Dios. Jesús nos presenta hoy una escena desconcertante. Un propietario sale varias veces a contratar trabajadores para su viña: unos trabajan desde primera hora de la mañana, otros comienzan a mediodía y otros llegan cuando apenas queda una hora de jornada. Al final, todos reciben el mismo salario. Los que han trabajado todo el día protestan: «Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros». Humanamente entendemos su reacción. «No es justo». Pero Jesús quiere llevarnos más lejos. El dueño responde: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy...