SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS El Espíritu que transforma el corazón y renueva la vida
Hay casas donde todo está cerrado: ventanas cerradas, puertas cerradas, silencio, oscuridad, aire detenido. Y basta que alguien abra una ventana para que entre el aire, la luz y la vida vuelva a moverse. Algo parecido les ocurrió a los discípulos. Después de la muerte de Jesús estaban encerrados, con miedo, desanimados, paralizados. Habían perdido la fuerza, la alegría y hasta la esperanza. Y entonces llega Pentecostés, llega el Espíritu Santo. Y aquellos hombres que tenían miedo… salen. Los que estaban encerrados… anuncian; los que estaban tristes… recuperan la alegría; los que se sentían débiles… se convierten en testigos. Porque cuando el Espíritu de Dios entra en una vida, algo empieza a cambiar. La primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, describe este momento con imágenes muy fuertes: viento, fuego, movimiento; y no es casual, porque el Espíritu Santo no viene a dejar las cosas igual, viene a despertar, a renovar, a dar vida. Y lo mejor, ...