DOM XV DEL T.O. La semilla que nadie ve
Vivimos en la cultura de los resultados inmediatos. Todo debe ser rápido, visible y exitoso. Si un proyecto no da frutos enseguida, se abandona. Si una relación exige paciencia, se rompe. Si una persona no cambia cuando esperamos, dejamos de creer en ella. Nos cuesta sembrar porque queremos cosechar al instante. También nos ocurre en la fe. Rezamos y esperamos soluciones inmediatas; educamos a nuestros hijos con valores, pero nos desesperamos cuando parecen tomar otros caminos; acompañamos a un enfermo, visitamos a una persona mayor o intentamos hacer el bien, y a veces nos invade la sensación de que todo es inútil. "¿De qué sirve tanto esfuerzo?", nos preguntamos. Precisamente en esta realidad resuena con fuerza el Evangelio de este domingo. Jesús contempla a un sembrador que sale a sembrar. Él no selecciona únicamente la tierra perfecta ni calcula obsesivamente dónde caerá cada grano, sencillamente siembra. Alguna...