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DOM IV DE PASCUA - Entre la indiferencia del mundo, la voz del Pastor

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     En un mundo cada vez más ruidoso, más distraído, más  secularizado e indiferente , donde parece que Dios queda al margen de la vida, podríamos pensar que su voz se apaga… que ya no llama, que ya no se hace presente.  Pero hoy la Palabra de Dios nos dice con fuerza:   Dios no se olvida de su pueblo . Sigue cuidándolo, sigue guiándolo y, sobre todo, sigue   enviando pastores según su corazón .   Jesús se presenta en el Evangelio como el  Buen Pastor  y como la puerta. Él es quien conduce a la vida, quien protege, quien conoce a cada uno personalmente. No somos un número para Él. Nos llama por nuestro nombre, conoce nuestras historias, nuestras luchas, nuestras heridas.    El evangelista Juan presenta al Señor como el Buen Pastor, que no huye, no abandona, no se desentiende. Al contrario,  da la vida por sus ovejas . Y este amor no es del pasado: continúa hoy en la Iglesia a través de quienes son llamados a ser signo de ...

DOM III DE PASCUA - Cuando Cristo acompaña, la vida vuelve a empezar

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     Hay momentos en la vida en los que uno siente que todo se ha venido abajo. Momentos en los que las expectativas se rompen, los sueños se apagan y el corazón se llena de preguntas sin respuesta. Y entonces, casi sin darnos cuenta, hacemos lo mismo que los discípulos de Emaús:  nos alejamos .  Se iban de Jerusalén. Se alejaban del lugar donde todo había sucedido. Se alejaban de la comunidad. Se alejaban también, en el fondo, de la esperanza. Iban caminando… pero por dentro estaban paralizados. Hablaban… pero lo que llevaban era tristeza.  En este contexto aparece una de las palabras clave para nosotros:   acompañamiento .   Las lecturas en este día iluminan este acompañamiento. En los Hechos de los Apóstoles, Pedro anuncia con fuerza que Jesús, el crucificado, ha resucitado, y que la muerte no ha tenido la última palabra. El salmo nos invita a vivir en la confianza: “Señor, me enseñarás el sendero de la vida”. Y la primera carta de Pedro nos re...

DOMINGO II DE PASCUA - DE LA DIVINA MISERICORDIA. Caminar juntos

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    Imaginemos por un momento aquella escena: una casa cerrada, las puertas atrancadas, el miedo en el ambiente, la tristeza, el silencio pesado… y, de repente, Jesús en medio... Solo dice: “Paz a vosotros.”   Celebramos el II Domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. La liturgia nos muestra una Iglesia que nace de la Resurrección y aprende a caminar unida. No nace de la seguridad, sino del miedo trasformado por la presencia de Cristo.      En la primera lectura, vemos una comunidad unida, que comparte, que ora, que vive en comunión. No porque su deseo sea mostrarse perfectos, sino porque Cristo resucitado está en medio de ellos.     En la segunda lectura, san Pedro habla de una esperanza viva, una fe que no depende de ver, sino de confiar.     El Evangelio nos presenta tres momentos muy claros. Primero, los discípulos encerrados. Representan nuestras propias situaciones: cuando el miedo nos paraliza, cuando c...

SOLEMNIDAD DOMINGO DE RESURRECCIÓN - La Vida tiene la última palabra

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¡Hermanos, Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!   Hoy, Domingo de la Pascua, celebramos el corazón de nuestra fe. No estamos aquí simplemente recordando un hecho del pasado, sino proclamando una  realidad viva : Cristo vive, y su vida transforma la nuestra.   El Evangelio nos presenta a tres personajes: María Magdalena, Pedro y el discípulo amado. Cada uno reacciona de manera distinta ante el sepulcro vacío.   María Magdalena va temprano, cuando aún estaba oscuro. Representa a quien busca a Jesús incluso en medio de la confusión y el dolor. Ve la piedra quitada, pero no entiende; piensa que todo ha terminado.   Pedro entra en el sepulcro y observa. Está desconcertado, intenta comprender lo que ha pasado.   El discípulo amado, en cambio, entra, ve y cree. No lo entiende todo, pero da un paso de fe.    En estos personajes estamos también nosotros. A veces somos como María: buscamos, pero con dudas y tristeza. O como Pedro: queremos e...

VIERNES SANTO. Entrega su vida por amor.

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         Es Viernes Santo, el día en que la Iglesia se detiene en silencio ante el misterio más profundo de nuestra fe: la pasión y muerte del Señor. No celebramos la Eucaristía, porque toda nuestra atención se centra en la cruz. Hoy solo hay una  Palabra que lo dice todo: Jesús entrega su vida por amor.   El Evangelio de la Pasión según san Juan nos presenta a un Jesús que no es arrastrado por los acontecimientos, sino que camina libremente hacia la cruz.  Desde el inicio del relato, cuando le preguntan “¿A quién buscan?”, y Él responde “Yo soy”, se manifiesta como Señor incluso en el momento de su entrega. 1. La cruz como glorificación   San Juan presenta la pasión no solo como sufrimiento, sino como glorificación. Para nosotros, la cruz puede parecer fracaso, derrota, oscuridad. Pero en el Evangelio, es el momento en que Jesús revela plenamente quién es Dios: amor que se entrega hasta el extremo. Cuando J...

JUEVES SANTO - Gratitud

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    En este dia del Jueves Santo, aunque no haya presbítero entre nosotros, la Iglesia sigue reunida, porque Cristo está presente en medio de su pueblo. Somos una Iglesia doméstica, una comunidad pequeña, pero real, donde el Señor se hace cercano.   Contemplamos tres grandes signos que nacen del corazón de Jesús en la Última Cena: la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor. Y hay una palabra que los une profundamente: gratitud. 1. La Eucaristía: dar gracias   La palabra “Eucaristía” significa precisamente eso: acción de gracias. Jesús, antes de entregarse, toma el pan y el vino y da gracias al Padre. En medio de lo que sabía que iba a venir —la traición, el sufrimiento, la cruz— Jesús da gracias. No porque todo sea fácil, sino porque confía plenamente en el amor del Padre.    Para nosotros, esto es una enseñanza profunda: la fe madura cuando aprendemos a vivir desde la gratitud, incluso en medio de las dificultades. Hoy, aunque no podamos celebr...

Domingo de Ramos: El Rey que no responde a nuestras expectativas

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         Comenzamos la Semana Santa con una escena llena de contraste. Hemos salido con ramos en las manos, hemos cantado, hemos proclamado:  “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Rey!”  Pero hemos escuchado el relato de la Pasión. Y los mismos labios que gritaban “Hosanna” se transformarán en un clamor oscuro: “¡Crucifícalo!”.   El Domingo de Ramos no es solo una procesión alegre; es una puerta que nos introduce en el misterio más profundo de nuestra fe.   Jesús entra en Jerusalén montado en un borrico, en un animal sencillo, signo de humildad y de paz. La multitud lo aclama como rey. Y lo es. Pero no según los esquemas del poder humano.  La palabra “Rey” puede sugerir dominio, fuerza, triunfo visible. Sin embargo, el reinado de Cristo se manifestará de una forma desconcertante: desde la cruz.   En la Pasión según san Mateo, el aparece el título “Este es Jesús, el Rey de los judíos”. Lo dicen para humill...