Dom. I de Cuaresma tentación y confianza
Mateo, pedagógicamente nos presenta tres tentaciones que reflejan los desafíos que todos enfrentamos. La primera aparece en el hambre: Jesús ayuna durante cuarenta días y cuarenta noches, y Satanás lo tienta a convertir las piedras en pan. No se trata solo de saciar el hambre, sino de resolver las necesidades por atajos egoístas, de buscar soluciones rápidas que nos alejan de Dios. ¿Cuántas veces en nuestra vida buscamos soluciones inmediatas, sin esperar la guía de Dios, confiando solo en nuestras fuerzas? Jesús responde con la Palabra de Dios, enseñándonos que la verdadera fuerza no está en lo que tenemos, sino en lo que Dios nos da.
La segunda tentación se presenta con la ambición y el poder: Satanás le ofrece todos los reinos del mundo si se inclina ante él. La tentación aquí es clara: obtener reconocimiento, control o gloria sin esfuerzo, sin servicio, sin humildad. Nos interpela directamente: ¿qué ambiciones en mi vida me alejan de la ayuda y el amor al prójimo? Jesús nos recuerda que el verdadero poder se encuentra en el servicio, no en dominar a los demás.
La tercera tentación es más sutil: nos invita a poner a prueba a Dios, lanzándonos desde el pináculo del Templo para que los ángeles nos sostengan. Aquí la tentación no es el peligro físico, sino la desconfianza, el deseo de manipular a Dios o buscar señales en lugar de vivir la fe con humildad. También hoy debemos preguntarnos: ¿he puesto alguna vez a prueba a Dios, buscando confirmaciones en lugar de confiar plenamente en Él?
Jesús nos enseña que la fuerza para enfrentar las pruebas viene de la cercanía con Dios, de la oración, de la Palabra y de la confianza. La Cuaresma es nuestro propio desierto: un tiempo para purificar el corazón, fortalecer la voluntad y reencontrarnos con Dios. No se trata solo de sacrificios externos, sino de un cambio profundo en la manera de vivir. La pregunta que nos acompaña es: ¿cómo puedo vivir esta Cuaresma como un tiempo de verdadero encuentro con Dios, de transformación interior?
En la vida cotidiana enfrentamos tentaciones similares: buscar soluciones rápidas a problemas difíciles, ansiar reconocimiento o poder a costa de otros, o poner a prueba la paciencia de Dios confiando más en nuestras ideas que en su guía. La invitación de Jesús es clara: responder desde la fe, discernir lo que nos acerca o nos aleja de Dios, y fortalecer nuestra voluntad para vivir según su Palabra.
Quisiera compartir una pequeña historia que nos ayuda a comprender este camino. Un hombre quería atravesar un río caudaloso. Cada vez que lo intentaba, se detenía en la orilla, viendo la corriente y dudando. Un anciano se le acercó y le dijo: “Si cruzas confiando en que el río te sostiene, llegarás al otro lado; si solo miras el agua y temes, nunca avanzarás”. Como Jesús en el desierto, nosotros estamos llamados a dar pasos de fe, apoyados y confiando en Dios Padre, incluso cuando el camino parece difícil o incierto.
La Cuaresma comienza recordándonos que el camino de la fe requiere decisión, disciplina y confianza. Como Jesús, estamos llamados a enfrentar nuestros desiertos, resistir la tentación y dejarnos guiar por el Espíritu. Que este tiempo nos ayude a purificar nuestro corazón, fortalecer nuestra voluntad y acercarnos más a Dios, para que nuestra vida sea una respuesta auténtica de abandono en el Señor, ante el mundo.

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