Dom. V de Cuaresma "Yo soy la Vida"
En este V Domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos sitúa ante uno de los signos más impactantes de Jesús: la resurrección de Lázaro. Estamos ya a las puertas de la Semana Santa, y este Evangelio nos prepara para comprender que Cristo es Señor de la vida, incluso frente a la muerte.
Jesús llega cuando todo parece terminado. Lázaro lleva cuatro días en el sepulcro. Marta y María están sumidas en el dolor. Y en medio de esa realidad, Jesús pronuncia una frase que es el corazón del Evangelio de hoy: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.”
Pero, el Evangelio no solo habla de la muerte física. También habla de esas “muertes” que experimentamos en la vida: el desánimo, el pecado, las heridas, las situaciones que parecen no tener solución. ¿Cuántas veces sentimos que algo en nosotros está “cerrado”, como una tumba? ¿Cuántas veces pensamos que ya no hay salida? Y sin embargo, Jesús se acerca también a esas realidades y nos dice: “Sal fuera.” Es una llamada a la vida, a levantarnos, a no quedarnos encerrados en lo que nos ata. Antes de ese llamado, Jesús hace una pregunta a Marta: “¿Crees esto?” La fe es la clave. No basta con saber que Dios puede; hace falta confiar en que Dios actúa también en mi vida concreta.
Hay un momento muy significativo en el relato que dice mucho: Jesús dice “Quiten la piedra”. Podría haber hecho todo Él solo, pero quiere la colaboración de los hombres. También en nuestra vida hay piedras que nosotros debemos remover: el orgullo, el rencor, la falta de perdón, la rutina espiritual. Dios quiere darnos vida, pero nos pide dar ese paso.
Hoy, además, celebramos el Día del Seminario, con el lema: “Deja tus redes y sígueme.” Este lema conecta profundamente con el Evangelio. Porque seguir a Cristo siempre implica dejar algo atrás: seguridades, planes propios, miedos.
Así como Jesús llama a Lázaro a salir de la tumba, también llama a muchos jóvenes a salir de sus seguridades para seguirlo más de cerca en el sacerdocio.
Dejar las redes no es perder; es encontrar un sentido más profundo. Es confiar en que la vida entregada a Dios da fruto abundante.
Un sacerdote contaba que, cuando joven, durante mucho tiempo sintió la inquietud de ser sacerdote, pero siempre la aplazaba. Tenía planes, proyectos, miedo a dejarlo todo. Hasta que un día, en oración, sintió con claridad una pregunta en su corazón: “¿Confías en mí o solo en tus planes?” Ese día no resolvió todo, pero dio un paso. Tiempo después entró en el seminario con dudas, pero también con paz. Y años después decía: “No fue una renuncia, fue descubrir una vida más plena.” Así actúa Dios: no obliga, llama. Y espera una respuesta libre.
La Palabra escuchada este día nos invitan a preguntarnos: ¿Qué “piedras” necesito quitar en mi vida para que Cristo actúe con más libertad? ¿En qué aspectos necesito escuchar hoy la voz de Jesús que me dice “sal fuera”? ¿Estoy abierto a la llamada de Dios, sea cual sea mi vocación?
Para esta semana, os proponemos dos cosas sencillas:
1. Rezar por las vocaciones, especialmente por los seminaristas y por quienes están discerniendo su camino.
2. Hacer un gesto concreto de conversión: quitar una “piedra” de nuestra vida (perdonar, reconciliarnos, retomar la oración).
Estamos muy cerca de la Pascua. El Señor nos recuerda hoy que Él es la vida, que ninguna oscuridad es definitiva, que siempre hay posibilidad de resurrección. Y en medio de esta esperanza, sigue llamando: a salir de nuestras tumbas, a dejar nuestras redes, a seguirlo con confianza. Que sepamos escuchar su voz y responder con generosidad.

Comentarios
Publicar un comentario