DOM XI DEL T.O. Dios sigue llamando

  Hay una pregunta que aparece muchas veces en la Biblia y que también resuena en el corazón de cada persona: ¿qué quiere Dios de mí? Las lecturas de este domingo nos ayudan a responderla. Porque toda la historia de la salvación podría resumirse en tres palabras: llamada, respuesta y misión.

  En la primera lectura, Dios llama a Israel. No porque sea el pueblo más poderoso o el más importante, sino porque lo ama. Lo ha liberado de la esclavitud y ahora le propone una alianza. Dios toma la iniciativa, siempre es Él quien da el primer paso.

  En el Evangelio ocurre algo semejante. Jesús contempla a la multitud y ve personas cansadas, desorientadas, heridas por la vida. Entonces llama de este estos, a los Doce y los envía. Es importante notar que Jesús no llama a personas extraordinarias. Entre ellos hay pescadores, obreros, un recaudador de impuestos, hombres con defectos, limitaciones y miedos. Sin embargo, Jesús confía en ellos, quizá porque Dios ve más posibilidades en nosotros que las que nosotros mismos vemos.

  Cuentan que un maestro visitó una cantera donde varios obreros trabajaban cortando piedra. Se acercó al primero y le preguntó: —¿Qué estás haciendo? —Estoy cortando piedras —respondió sin levantar la vista. Preguntó al segundo: —¿Y tú qué haces? —Me gano la vida para sacar adelante a mi familia. Finalmente preguntó al tercero: —¿Y tú qué haces? El hombre sonrió y respondió: —Estoy construyendo una catedral.

  Los tres hacían exactamente el mismo trabajo. Pero solo uno había descubierto el sentido profundo de lo que hacía. Algo parecido sucede con la fe.

  Podemos pensar que venimos a misa porque es domingo, porque es una costumbre o porque siempre lo hemos hecho. Pero Jesús nos dice hoy algo mucho más grande: "No sois simples espectadores. Estáis colaborando conmigo en la construcción de mi Reino". Cada uno de nosotros es una piedra de esa catedral que Dios está levantando en el mundo.

  A veces pensamos que no tenemos mucho que aportar. Somos mayores, tenemos poca formación, nos faltan fuerzas o creemos que ya es tarde. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos recuerda que Dios no trabaja con personas perfectas, sino con personas disponibles. Lo que necesita una parroquia no son cristianos que se limiten a observar desde lejos, sino personas que se sientan llamadas. Personas que recen, que colaboren, que acompañen, que se preocupen por los demás y que hagan de la comunidad una verdadera familia.

  Jesús sigue mirando hoy a nuestra comunidad con la misma compasión con que miró a aquellas multitudes. Sigue viendo personas que necesitan esperanza, jóvenes que buscan sentido, familias que atraviesan dificultades, ancianos que necesitan compañía. Y sigue preguntando: "¿Quién irá en mi nombre?" No espera una respuesta perfecta. Le basta un corazón dispuesto.

  Al final de esta celebración, cada uno podemos preguntarnos: ¿Qué me está pidiendo hoy el Señor? ¿Dónde me necesita? ¿Qué puedo hacer yo para que mi familia, mi parroquia y mi pueblo sean un poco mejores? Porque la fe comienza cuando descubrimos que Dios nos llama, crece cuando respondemos y da fruto cuando nos ponemos al servicio de los demás.

  Que no salgamos hoy de esta iglesia pensando que el Evangelio es para otros. El Señor nos llama a nosotros. Aquí. Ahora. Con nuestra historia concreta. Y cuando Dios llama, siempre abre un camino.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Dom. III de Adviento. Gaudete, Dominus prope est

Dom XXIV del T.O. La Cruz

Dom. II de Cuaresma. "Escuchadle"