DOM XIV DEL T.O. "Cuando el corazón está cansado, Cristo lo fortalece"


  


   El Evangelio de este domingo nos muestra un rostro de Jesús que llena de esperanza. Él dice: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré».

  ¡Qué palabras tan oportunas para nuestro tiempo! Vivimos cansados. Hay cansancio físico por el trabajo, pero también un cansancio del alma: preocupaciones familiares, problemas económicos, enfermedades, soledad, incertidumbre y tantas cargas que cada uno lleva en silencio.

  Lo hermoso del Evangelio es que Jesús no nos promete una vida sin dificultades. Nos ofrece algo mucho más grande: caminar con nosotros. Él no quita todas las cruces, pero nos ayuda a llevarlas.

  Después añade una frase que puede sorprendernos: «Carguen con mi yugo… porque mi yugo es suave y mi carga ligera». En tiempos de Jesús, el yugo era el instrumento que unía a dos bueyes para trabajar juntos. Jesús nos está diciendo: «No lleves solo el peso de tu vida; déjame caminar contigo».

  Hay una hermosa historia. Un niño veía a un anciano subir una cuesta cargando un pesado saco. Corrió a ayudarlo y le dijo: «¡Qué carga tan pesada lleva!». El anciano sonrió y respondió: «Sí, pesa mucho, pero cuando alguien me ayuda, parece más ligera». Así ocurre con nuestra vida. Las dificultades no desaparecen, pero cuando dejamos que Cristo camine a nuestro lado, el peso cambia.

  La pregunta que hoy nos deja el Evangelio es muy sencilla: ¿Dónde busco descanso para mi corazón? Muchas veces lo buscamos en las cosas materiales, en el entretenimiento o en el éxito, y seguimos sintiéndonos vacíos. Jesús nos dice que el verdadero descanso está en Él.

  Al acercarnos a la Eucaristía, pongamos sobre el altar nuestras preocupaciones, nuestros cansancios y nuestras cargas. Dejemos que Cristo las tome sobre sus hombros y nos enseñe a confiar.

  Cuando sientas el peso de alguna dificultad, antes de preocuparte o desesperarte, haz una breve oración diciendo: «Señor Jesús, camino contigo; ayúdame a llevar esta carga». Verás cómo la fe no elimina los problemas, pero sí nos da la fuerza para afrontarlos con esperanza.


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