Este domingo celebramos la Divina Misericordia, fiesta instituida por San Juan Pablo II en el año 2000, tema que encontramos presente en las lecturas de este día. En el texto de los Hechos se indica que, gracias al Espíritu, los Apóstoles ya no están encerrados, temerosos, sino que dan testimonio en el templo: una Iglesia que crecía a la sombra de la misericordia divina que obraba a través de ellos. Otro signo de misericordia lo encontramos en el Salmo 117, donde el salmista dice: «Digan los que temen al Señor: “eterna es su misericordia”». Un amor incondicional y fiel en el que nos abandonamos. En la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis, san Juan es llamado, en visión, a ser testigo de los acontecimientos salvíficos realizados por Jesús y a comunicarlos a las comunidades, a las Iglesias, presentes y activas en aquel momento. En el pasaje evangélico, leído a la luz de la misericordia, podemos ver dos manifestaciones de Jesús, una el «Domingo de P...