SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - Comunión de amor no de soledad
La solemnidad que la Iglesia celebra este domingo, puede parecernos, a primera vista, difícil de entender. Cuando escuchamos “Santísima Trinidad”, fácilmente pensamos en un misterio complicado, algo lejano o reservado para los teólogos o estudiosos. Y, sin embargo, la Trinidad no es un problema matemático ni una teoría abstracta sobre Dios. La Trinidad es la manera cristiana de descubrir que Dios es comunión de amor.
Creemos en un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un Dios que no vive encerrado en sí mismo, sino en relación, en entrega y en amor; no es un Dios frío ni distante. Es un Dios cercano: el Padre que crea, ama y sostiene, el Hijo que camina con nosotros y entrega su vida, y el Espíritu Santo que anima, consuela y transforma el corazón.
La primera lectura nos presenta a Dios como un Señor compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor y fidelidad. Es un Dios que acompaña a su pueblo incluso cuando el pueblo falla.
Muchas veces buscamos a Dios en cosas extraordinarias, pero la Trinidad se refleja continuamente en lo cotidiano: en la familia que aprende a vivir unida, en quien sabe perdonar, en quien acompaña con paciencia, en quien comparte y sirve sin buscar reconocimiento. Porque donde hay amor verdadero, entrega y comunión… allí hay huellas de Dios.
Recuerdo una vez en el hospital a una familia que llevaba semanas acompañando a un enfermo. Había cansancio, preocupación y dolor. Pero también algo muy hermoso: se sostenían unos a otros, se cuidaban, se escuchaban. Y pensé: ahí también se refleja algo del misterio de Dios.
Porque la Trinidad nos enseña que nadie está llamado a vivir aislado. Hemos sido creados para el encuentro, para la comunión y para el amor.
Quizá hoy necesitamos preguntarnos: ¿Mi manera de vivir crea comunión o división ¿Sé amar y entregarme a los demás? ¿Dejo espacio a Dios en mi vida cotidiana?
La Solemnidad de la Santísima Trinidad no pretende que lo entendamos todo con la cabeza. Nos invita más bien a entrar en una relación viva con Dios. Un Dios que es Padre que nos sostiene, Hijo que nos salva, y Espíritu que nos acompaña.
El compromiso de esta semana puede ser sencillo: hacer la señal de la cruz con más conciencia y profundidad, vivir creando más unidad y menos enfrentamientos, y agradecer cada día el amor de Dios que sostiene nuestra vida.
Que Dios, que es Trinidad, habite siempre en nuestro corazón y nos enseñe a vivir desde el amor y la comunión.

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