En el primer domingo de Cuaresma, la liturgia nos invitó a seguir a Jesús en el desierto para afrontar y superar con Él las tentaciones. En este segundo domingo de Cuaresma, Jesús nos conduce al Monte Tabor, el “monte” de la oración, para contemplar su gloria. Los aspectos del Evangelio que queremos captar son dos: ser guiados por Jesús y el motivo por el cual Él se transfigura. «En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió al monte a orar». Todos estamos llamados a la gloria, a contemplarla, a alcanzarla, pero para que esto suceda es necesario que alguien nos conduzca al lugar justo. Si lo pensamos bien, en cada elección nos sentimos movidos hacia algo y atraídos por algo. Aunque sea de manera inconsciente, nuestras acciones tienen un propósito, están impulsadas por el deseo de llegar a algún lugar, de lograr algo. Si tenemos claro que nuestra meta es el cielo y cada acción puede acercarnos o alejarnos de él, debemos preguntarnos: ¿este pensamiento, ...