Este domingo la Iglesia nos invita a detenernos en medio del Adviento para dejarnos llenar por una palabra luminosa: ALEGRÍA. Por eso este domingo se llama Gaudete : “Alegraos”. Pero no se trata de cualquier alegría. No es euforia, no es risa fácil, no es simple optimismo. Es la alegría que nace de la presencia de Dios, la alegría que viene porque el Señor está cerca. La verdadera alegría comienza cuando reconocemos a Jesús presente, aunque sea en silencio, aunque sea escondido, aunque aún no haya nacido plenamente en nuestro corazón. La alegría cristiana no depende de que todo en nuestra vida vaya bien. Depende de saber que Dios está con nosotros, que nos acompaña, que no nos deja solos. Quizá este Adviento algunos llegamos cansados, preocupados, heridos por situaciones familiares, económicas o personales. A veces la vida parece quitarnos la alegría a pequeños mordiscos: una decepción, una enfermedad, un con...
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