SOLEMNIDAD DOMINGO DE RESURRECCIÓN - La Vida tiene la última palabra
¡Hermanos, Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!
Hoy, Domingo de la Pascua, celebramos el corazón de nuestra fe. No estamos aquí simplemente recordando un hecho del pasado, sino proclamando una realidad viva: Cristo vive, y su vida transforma la nuestra.
El Evangelio nos presenta a tres personajes: María Magdalena, Pedro y el discípulo amado. Cada uno reacciona de manera distinta ante el sepulcro vacío.
María Magdalena va temprano, cuando aún estaba oscuro. Representa a quien busca a Jesús incluso en medio de la confusión y el dolor. Ve la piedra quitada, pero no entiende; piensa que todo ha terminado.
Pedro entra en el sepulcro y observa. Está desconcertado, intenta comprender lo que ha pasado.
El discípulo amado, en cambio, entra, ve y cree. No lo entiende todo, pero da un paso de fe.
En estos personajes estamos también nosotros. A veces somos como María: buscamos, pero con dudas y tristeza. O como Pedro: queremos entender, pero nos cuesta. Y otras veces, como el discípulo amado, somos capaces de dar un salto de fe y confiar.
El sepulcro vacío es el gran signo de hoy. No hay un cuerpo, no hay muerte definitiva. Dios ha actuado. La vida ha vencido.
Pero la Resurrección no es solo algo que le pasó a Jesús. Es una invitación para nosotros. También nosotros tenemos sepulcros: situaciones que creemos sin salida, heridas que no terminan de sanar, miedos que nos paralizan.
Y hoy Dios Padre nos dice: no te quedes en el sepulcro. Sal, cree, vuelve a empezar.
La Resurrección es la certeza de que el amor es más fuerte que el odio, la luz más fuerte que la oscuridad, la vida más fuerte que la muerte.
Por eso, el cristiano no vive instalado en la tristeza ni en la desesperanza. Vive con una alegría profunda, porque sabe que Cristo está vivo y camina con él.
Se nos pide lo mismo que al discípulo amado: ver y creer. Creer incluso cuando no lo entendemos todo. Creer que Dios sigue actuando en nuestra vida.
Que esta Pascua no sea solo una celebración externa. Que sea un cambio interior. Que salgamos de aquí como testigos de la Resurrección, llevando esperanza, alegría y vida a los demás.

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