DOM IV DE PASCUA - Entre la indiferencia del mundo, la voz del Pastor

  

  En un mundo cada vez más ruidoso, más distraído, más secularizado e indiferente, donde parece que Dios queda al margen de la vida, podríamos pensar que su voz se apaga… que ya no llama, que ya no se hace presente. Pero hoy la Palabra de Dios nos dice con fuerza: Dios no se olvida de su pueblo. Sigue cuidándolo, sigue guiándolo y, sobre todo, sigue enviando pastores según su corazón.

  Jesús se presenta en el Evangelio como el Buen Pastor y como la puerta. Él es quien conduce a la vida, quien protege, quien conoce a cada uno personalmente. No somos un número para Él. Nos llama por nuestro nombre, conoce nuestras historias, nuestras luchas, nuestras heridas.

   El evangelista Juan presenta al Señor como el Buen Pastor, que no huye, no abandona, no se desentiende. Al contrario, da la vida por sus ovejas. Y este amor no es del pasado: continúa hoy en la Iglesia a través de quienes son llamados a ser signo de su presencia, especialmente los sacerdotes.

  Por eso, este domingo es una llamada a mirar con fe la vocación sacerdotal. En medio de un mundo que muchas veces vive como si Dios no existiera, el Señor sigue suscitando jóvenes capaces de decir “sí”, capaces de entregar su vida con generosidad.

  El sacerdote está llamado a ser reflejo del Buen Pastor: cercano, disponible, con corazón abierto, dispuesto a acompañar, a escuchar, a sostener. No es un camino fácil, pero es profundamente hermoso, porque es una vida entregada por amor.

  La primera lectura nos muestra a Pedro, transformado por el encuentro con Cristo. De hombre débil pasa a ser testigo valiente. Esto nos recuerda que Dios no llama a los perfectos, sino a quienes están dispuestos a dejarse cambiar por Él. Y aquí aparece una palabra clave: generosidadSin generosidad no hay vocación. Sin un corazón abierto, capaz de confiar, no hay respuesta.

  La segunda lectura nos presenta a Cristo como modelo de sufrimiento vivido con amor y confianza. En una sociedad, donde muchas veces respondemos al mal con más mal, Cristo nos muestra otro camino: el de la mansedumbre, la paciencia y la entrega confiada. Y termina con una imagen clave para este domingo: “andabais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y guardián de vuestras almas”. Este versículo conecta con el Evangelio: Cristo es el Buen Pastor que no se cansa de buscarnos, de curarnos, de traernos de vuelta.

  Hoy el Señor sigue llamando. Quizá de formas silenciosas, discretas, pero reales. Y necesita corazones que escuchen. A los jóvenes, especialmente, hay que decirles sin vacilación: no tengáis miedo de escuchar a Dios. No tengáis miedo de dar la vida. Porque quien se entrega por Cristo no pierde nada, lo gana todo.

  Y a todos nosotros se nos pide algo muy concreto: rezar por las vocaciones, apoyar y acompañar a quienes sienten la llamada, crear comunidades vivas, donde la fe se viva con alegría. Porque las vocaciones nacen donde hay fe, donde hay testimonio, donde hay amor verdadero.

  Que en este Domingo del Buen Pastor aprendamos a reconocer la voz de Cristo en medio de tantas voces, a seguirle con confianza y a pedirle que nunca falten en su Iglesia pastores según su corazón.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dom. III de Adviento. Gaudete, Dominus prope est

Dom XXIV del T.O. La Cruz

Solemnidad de la Inmaculada Concepción "...porque has hallado gracia..."