FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 


Hoy celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, cuando Jesús fue presentado al Templo por José y María. Y es también la Jornada de la Vida Consagrada, que invita a la gratitud y a la oración por ese don maravilloso que es la consagración que abrazan quienes siguen de cerca al Señor profesando los consejos evangélicos. 

El Evangelio dice que, cuarenta días después de su nacimiento, los padres de Jesús llevaron al Niño al templo para consagrarlo a Dios. De hecho, era costumbre que los primogénitos fueran consagrados al Señor. En el caso de Jesús algo cambió; ¡No fue tanto el pequeño quien fue presentado a Dios sino, a través de las palabras de Simeón y Ana, fue Él (¡que es Dios!) quien se presentó a nosotros! 

Centrémonos en la actitud de los personajes de este pasaje: José, Maria, Simeón y Ana, que se puede resumir en tres palabras: movimiento, compartir, asombro.

1.   En primer lugar, el movimiento: podemos ver cómo cada uno se pone en marcha. María y José parten hacia Jerusalén, Simeón va al templo, Ana sirve al Señor continuamente sin parar. Están todos en movimiento. ¿Qué los impulsa? el amor al Señor, la observancia de la Ley (por tanto de la Palabra de Dios), y el impulso del Espíritu. Esto nos sugiere que la fe es un camino y nos pide caminar. El Espíritu Santo nos empuja a ir más allá, a movernos, a crecer, a amar, a evangelizar. Nosotros, muchas veces, cansados tendemos a detenernos, a quedarnos en la casa o en las sacristías. No, hay que moverse, hay que salir.

2.   La segunda actitud es compartir. Los personajes del Evangelio hablan entre sí, comparten lo que hay en sus corazones y expresan palabras hermosas y no superficiales. Compartir. Qué importante es en la familia, en la comunidad abrir el corazón y no detenerse a hablar solo de esto y aquello sino también profundizar. Compartir las cosas del Señor, las cosas importantes de la vida. ¡Y decir cosas hermosas que puedan edificar! El papa Francisco señaló que: "Ana también comenzó a alabar a Dios" y a señalar a Jesús al pueblo. Ésta es una charlatana santa, charlaba bien, charlaba de cosas buenas..."

3.  Finalmente, la tercera actitud es la del asombro. María y José quedaron asombrados de las cosas que decían del niño; Simeón se asombró al verlo; lo mismo Ana. Como bien dijo el Papa:«Estas figuras de creyentes están rodeadas de asombro, porque se dejaron captar e involucrar por los acontecimientos que sucedían ante sus ojos. La capacidad de asombrarnos por las cosas que nos rodean favorece la experiencia religiosa y hace fructífero el encuentro con el Señor. Al contrario, la incapacidad de sorprendernos nos vuelve indiferentes y amplía las distancias entre el camino de la fe y la vida cotidiana" .

Ante todo, pedimos a la Virgen María que nos ayude a emprender el camino, a saber compartir lo que importa y a dejarnos asombrar por Dios, tanto en las pequeñas como en las grandes cosas. ¡Y luego aprenderemos a reconocer su presencia y visita incluso en las situaciones cotidianas más simples!. 


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