Solemnidad de la Inmaculada Concepción "...porque has hallado gracia..."

  

  En la solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia nos invita a contemplar uno de los momentos más decisivos de la historia de la salvación: el encuentro entre el ángel Gabriel y la joven María. En medio de ese diálogo luminoso hay una frase que resuena con una fuerza especial: “No temas, porque has hallado gracia delante de Dios.” 

  Estas palabras fueron dichas no sólo para María; hoy también son pronunciadas para nosotros. En un mundo marcado por preocupaciones, inseguridades e incertidumbres, celebrar la Inmaculada es reconocer que la gracia de Dios es más grande que cualquier temor. 

  María escucha “No temas” antes de entender lo que Dios le pide. Dios sabe que el miedo paraliza, cierra caminos, nos encierra en nosotros mismos. Por eso, primero que cualquier misión, Dios ofrece paz. Ella tenía motivos humanos para temer: era joven, no entendía lo que sucedía, su proyecto de vida parecía interrumpido. Sin embargo, Dios la invita a mirar la vida no desde el miedo, sino desde la confianza: “No temas, porque no estás sola...". También nosotros, como María, enfrentamos situaciones que superan nuestras fuerzas: crisis familiares, incertidumbre laboral, enfermedades, decisiones difíciles. A todos Dios nos repite: “No temas. Mi gracia te sostiene.” 

   La Inmaculada Concepción nos muestra que Dios no improvisa. Para que María fuera la Madre del Salvador, el Señor la preparó desde el primer instante de su existencia con una gracia única: la preservó del pecado. Es decir, la gracia antecede a la misión. María no fue elegida por ser perfecta; es perfecta porque fue elegida. Y esto también es esperanza para nosotros: Dios no nos llama porque somos capaces, sino que nos hace capaces con su gracia. Cada uno de nosotros, como María, ha recibido dones, luces, fuerzas que Dios ha sembrado en el corazón para poder vivir un proyecto de amor. 

  La respuesta final de María —“Hágase en mí según tu palabra”— no es fruto de valentía humana, sino de la gracia recibida. El miedo no desaparece por arte de magia: se transforma cuando dejamos que Dios hable y actúe. 

  La Inmaculada es el signo vivo de que cuando la gracia toca la vida, el corazón se vuelve libre, disponible, confiado. Donde muchos solo ven límites, María ve posibilidades. Donde otros ven amenaza, ella ve promesa. Donde podría haber dudas, ella deja entrar la esperanza. Así obra la gracia también en nosotros: no nos quita los desafíos, pero nos da una fuerza interior para enfrentarlos de la mano de Dios. 

   “Has hallado gracia delante de Dios” significa literalmente: “Eres mirada con amor.” Esa es la raíz de toda libertad: saberse amado por Dios. María vivió sin pecado no porque no tuviera tentaciones o dificultades, sino porque vivió siempre desde la conciencia de ser amada, elegida, sostenida por Dios. 

   Hoy la Iglesia proclama que también tú has hallado gracia ante los ojos de Dios. Que Él te conoce, te acompaña, te perdona, te restaura. Que Él no mira tu vida desde la exigencia, sino desde la ternura. Y quien sabe que Dios lo mira con amor… no teme. 

   Celebrar a la Inmaculada es dejarnos decir por Dios lo que escuchó María: “No temas, porque has hallado gracia delante de mí.” Que María, la llena de gracia, nos enseñe a confiar, a entregarnos y a caminar sin miedo, porque Dios está con nosotros. 

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