FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA - Acoger, proteger y amar
Hoy la Iglesia nos invita a contemplar a la Sagrada Familia de Nazaret, en estas fiestas de navidad, para iluminar nuestras propias familias.
Las lecturas no nos presentan una familia idealizada, sino un camino concreto para vivir la fe en lo cotidiano.
La primera lectura del Eclesiástico, nos habla del valor de las relaciones dentro del hogar, especialmente entre padres e hijos. El texto subraya algo clave: honrar, cuidar y respetar no es solo una norma moral, sino una fuente de bendición y de vida. Aquí aparece la primera palabra: acoger. Acoger a los padres, con sus límites y fragilidades, es reconocer que la vida es un don recibido. La familia es el primer lugar donde aprendemos a acoger al otro tal como es.
La segunda lectura de Colosenses, profundiza aún más. San Pablo describe las actitudes que deben vestir a los miembros de una familia cristiana: misericordia, bondad, humildad, paciencia y perdón. Todo esto se resume en el amor, que es el vínculo perfecto. No se trata de sentimientos pasajeros, sino de una decisión diaria. Amar, según Pablo, es saber perdonar, soportar y construir la paz en lo pequeño de cada día.
El Evangelio muestra a María y José llevando a Jesús al templo. Cumplen la Ley, pero sobre todo protegen al Niño confiándolo a Dios. Simeón y Ana reconocen en ese niño frágil la salvación prometida. Vemos una familia que protege la vida, que escucha a Dios y que acepta incluso palabras difíciles, como la profecía de Simeón. Proteger no significa evitar todo dolor, sino acompañar y sostener la vida aun cuando no entendemos todo.
Quisiera ahora compartir una historia de vida. Carlos creció en una familia sencilla. No era perfecta: había discusiones, dificultades económicas y momentos de cansancio. Sin embargo, con los años comprendió que en su casa siempre hubo tres cosas. Primero, supo que era acogido: podía equivocarse y volver. Segundo, se sintió protegido: sus padres estuvieron presentes, atentos, poniendo límites cuando hacía falta. Y, sobre todo, se supo amado, no con grandes discursos, sino con gestos cotidianos. Ya adulto, Carlos entendió que eso fue lo que le dio raíces y confianza para la vida.
Eso mismo vemos en la Sagrada Familia. Jesús creció “en sabiduría, en estatura y en gracia” porque vivió en un hogar donde se acogía, se protegía y se amaba.
Hoy esta fiesta no nos pide familias perfectas, sino familias que lo intenten cada día. Que nuestros hogares sean lugares donde se acoja la vida, se proteja a los más frágiles y se ame con un amor paciente y fiel.
Pidamos al Señor que nuestras familias, como la de Nazaret, sean espacios donde Dios pueda habitar.

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