Dom IV de Adviento. Acoger y proteger: el corazón del Adviento

  



  En el cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos sitúa ante una escena profundamente humana y, al mismo tiempo, llena de misterio: José frente al embarazo inesperado de María. No hay ángeles todavía, ni cantos, ni pastores. Hay silencio, desconcierto y una decisión que marcará la historia de la salvación. En ese espacio discreto se revela el verdadero espíritu del Adviento: acoger y proteger la vida que Dios confía.

 

  José es presentado como un hombre justo. Su justicia no es rigidez legal, sino misericordia activa. Ante una situación que no comprende del todo, decide acoger a María y protegerladel escándalo y del rechazo. Antes incluso de recibir la explicación del ángel, su corazón ya se inclina hacia el cuidado del otro. Así, José nos enseña que la fe no siempre comienza con certezas, sino con gestos concretos de amor.

 

  El Adviento nos invita a prepararnos para la Navidad no solo con luces y celebraciones, sino con actitudes profundas. Acoger significa abrir espacio en nuestra vida a Dios que llega de maneras inesperadas: en una palabra que incomoda, en una persona frágil, en una situación que desborda nuestros planes. Proteger, por su parte, implica asumir la responsabilidad de cuidar aquello que es vulnerable: la vida naciente, las familias heridas, los pobres, los migrantes, la creación misma.

 

  José representa a los hombres y mujeres que, asumiendo la vida de los demás, viven el amor sin contar la fatiga ni el miedo; a todos aquellos que, sin proclamas ni recompensas, en silencio, hacen lo que deben hacer; a todos aquellos cuya tarea suprema en el mundo es proteger vidas con las suyas.

 

  María, por su parte, encarna la acogida total al proyecto de Dios. Su “sí” es confianza plena, aun sin conocer todos los detalles. En ella vemos que acoger a Dios es dejar que Él habite nuestra historia con sus luces y sombras. José y María, juntos, forman un hogar donde Jesús es recibido y protegido antes incluso de nacer.

 

  En este último tramo del Adviento, la Palabra nos interpela: ¿a quién estamos llamados hoy a acoger? ¿Qué o a quién debemos proteger con mayor compromiso? 

 

  La Navidad que se acerca no es solo memoria de un acontecimiento pasado, sino una invitación presente a convertirnos en custodios del amor de Dios en el mundo.

 

  Que, como José, sepamos escuchar a Dios en el silencio; y que, como María, nuestro corazón esté siempre dispuesto a acoger y proteger la vida que Él sigue confiándonos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SOLEMNIDAD MIÉRCOLES DE CENIZA - HOMILIA ¿Qué tengo que “apagar”? ¿Qué tengo que “activar”? ¿Con quién caminar?

Dom IV de Cuaresma "Laetare". Ciclo C. El corazón del Evangelio

Dom XXIV del T.O. La Cruz